Deja atrás tu miedo a vender.

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Aún me sorprendo de que tomara, hace ya bastante años, la decisión de dejar voluntariamente mi anterior puesto de trabajo para buscar un camino profesional más motivador en el mundo de las ventas. Por entonces, pensaba que el llegar a ser un buen vendedor estaba limitado a personas con un gran carácter, seguridad y excelentes dotes de palabra, pero sinceramente esa no era la imagen que tenía de mí mismo, aparte de que no contaba con experiencia alguna en ese ámbito. Esto me hacía sentir un auténtico temor cuando me imaginabe frente a un desconocido al que tendría que convencer de las bondades de un determinado producto con la finaiidad de conseguir un pedido. Pese a aquellos miedos y dudas sobre mis capacidades para convertirme en un vendedor profesional y vivir de ello, me decidí a dar ese arriesgado paso.

Después de todos estos años, hoy puedo confirmar que estaba equivocado, tanto en mi forma de entender en qué consiste la labor de ventas, como en la de valorar mis propias capacidades. De hecho, hoy estoy convencido de que cualquiera con un poco de voluntad y ganas de superarse puede llegar a ser un buen profesional en ventas, aunque se vean como personas tímidas e introvertidas; tan solo hace falta tener disposición a querer hacerlo. Pero no todo es disposición, también puedo asegurar que se requiere de mucha fuerza de voluntad para superar los primeros meses como vendedor, porque se hace particularmente duro afrontar los miedos típicos que plantea esta profesión, sobre todo cuando empiezas. Pero si yo superé esa etapa, seguro que cualquiera puede hacerlo.

Ningún vendedor de éxito que yo conozca ha podido evitar el pasar por esos momentos de miedo e inseguridad. Supongo que cada uno tendrá su propia receta para superarlos, pero estoy convencido de que no hay nada mejor que el conocimiento y la preparación para vencer los miedos. En la venta, cuanto más sepas de tu producto y más te prepares ante las objeciones que, con total seguridad, vendrán de tu cliente, menos miedo sentirás ante las complicaciones que se produzcan. Conocer muy bien las particularidades de tu producto y prepararse para dar respuestas a cualquier objeción del cliente es mucho más importante de lo que parece, ya que el principal obstáculo para tener éxito en las ventas es precisamente el miedo a no ser convincente. El miedo y la inseguridad son una mala combinación que impacta negativamente en la capacidad de transmitir al cliente la información necesaria para que entienda la propuesta de valor y es justamente la comunicación nuestra principal contribución como vendedores en el objetivo de ganar la venta.

Quita importancia al fracaso y enfrenta tus miedos

Por lo general, el vendedor suele sufrir de forma permanente un cierto grado de ansiedad en su labor; esto no se lo quita nunca de encima, ya que todo profesional de la venta está siempre muy pendiente de su nivel de rendimiento, el cual se define en base a los resultados obtenidos sobre unos objetivos preestablecidos, que además suelen estar vinculados porcentualmente a su propia retribución, por eso hay muy poca subjetividad a la hora de determinar esos resultados; si tenías que vender 100 y has vendido 90, has estado un 10% por debajo del objetivo que se te ha impuesto; estos son datos matemáticos incontestables y no hay espacio para otras consideraciones, lo cual puede llegar a ser algo frustrante, ya que esos resultados no tiene porqué reflejar necesariamente el esfuerzo y la calidad profesional del trabajo realizado, que puede haber sido excelente pese a un resultado que ha estado por debajo de las expectativas. Esta sensación la conozco bien, ya que la he vivido personalmente en muchas ocasiones. Lo bueno es que a esta preocupación por cómo quedas ante tus objetivos de ventas también te acabas adaptando con el tiempo y procuras no pensar demasiado en ello, solo en hacer lo mejor posible tu labor día a día. Si lo haces así, los buenos resultados acabarán llegando.

Ciertamente todas estas cosas se van superando y poco a poco, casi sin darte cuenta, acabas convirtiéndote en un vendedor profesional. Pero no te engañes…, si has pensado que las habilidades comerciales se aprenden con un cursillo de tres meses, te estarás equivocando. No hay cursillos de los que salgas como un buen vendedor. A vender se aprende durante toda la vida, y lo haces cada vez que te sientas frente a un cliente potencial, ya que cada uno de ellos es distinto al anterior; es indiferente lo igual que sea el producto o servicio que ofreces a todos ellos, ya que lo que varían son las prioridades y necesidades. Por lo tanto, tendrás que preparar cada encuentro desde cero y de manera distinta para cada nuevo cliente al que visites. La buena noticia es que existen pautas para hacerlo que te ayudarán. Si las sigues, podrás desarrollar rápidamente tus habilidades y crecer profesionalmente a la vez de empezar a obtener tus primeros resultados positivos en tu labor. Créeme…, funciona.

En ese camino de superación de miedos e inseguridades, si tenemos que empezar por algo es por la mentalización; por saber dónde estás, qué sabes, qué haces y porqué lo haces. De entrada, elimina cualquier prejuicio sobre tu trabajo y mete en tu cabeza la idea de que ni la venta es un engaño ni el vendedor es alguien que intenta engañar a otros. Y jamás le quites importancia a tu labor como vendedor profesional; se trata de una especialización muy necesaria y respetada; sin ella la mayoría de las empresas serían incapaces de introducir los productos en sus respectivos mercados objetivo. Por lo tanto, tienes una gran responsabilidad, porque eres la persona en la que recae la misión de que el trabajo y esfuerzo realizado previamente por muchos otros acaben alcanzado su meta final y la razón por la que fueron desarrollados, que no es otra que el responder a necesidades de la sociedad.

No trates de convencer al cliente solo con argumentos, soluciona su problema.

Otra cosa que debes tener muy presente es que la venta no es algo que se alcanza de inmediato, o al menos casi nunca sucede así. Tal como decía anteriormente, requiere de un estudio y preparación previos y de un trabajo durante el cual habrá que saber gestionar los tiempos y manejar correctamente las objeciones del cliente, algo para lo que deberás tener preparadas respuestas y argumentaciones basadas en una propuesta de valor clara que deberás transmitir demostrando honestidad y empatía hacia el cliente, así como disposición a ayudarle.

Piensa que la venta no consiste en tratar de convencer al cliente para que nos acepte un pedido, sino en estar enfocados en solucionarle su problema o necesidad y con ello hacer que nos compre; puede parecer lo mismo, pero no lo es. Será más fácil avanzar hacia el éxito de la venta si el cliente percibe que efectivamente ese es tu enfoque comercial. No obstante, si en algún momento nos damos cuenta de que no podemos resolver su problema con las propuestas que podemos ofrecerle, entonces no debería tener sentido el continuar ya que lo estaríamos engañando, o al menos eso sería lo que tarde o temprano pensaría el cliente. Ponte en su lugar y lo entenderás a la perfección.

Recuerda que la preparación previa es la mejor manera de reducir o eliminar las inseguridades y miedos del vendedor. La información y análisis de las características del cliente es fundamental; saber quién es la persona con la que vas a contactar, cuál es su posición y qué responsabilidad tiene en la organización siempre es importante. También el contar con información sobre las características de la empresa, como su historia, productos u objetivos, pueden ofrecer algunas pistas sobre posibles intereses a corto y medio plazo que serán de ayuda. No hace falta que te aprendas de memoria todo tipo de detalles sobre el cliente al que vas a visitar, simplemente algunos datos generales que te puedan ayudar en el diálogo que establezcas y así plantear preguntas adecuadas o respuestas mejor orientadas a su interés. Nunca visites a un nuevo cliente potencial sin haber hecho antes esta labor de preparación, ya que se trata de una de las fases más importantes que componen el proceso de la venta.

Por otra parte, piensa que en función del tipo de productos o servicios que ofrezcas, será muy normal que se necesiten múltiples visitas a distintos clientes potenciales, o a los mismos que ya visitaste previamente, antes de poder concretar una oportunidad real de venta y poder empezar a desarrollarla hasta convertirla en una transacción. Obviamente, nos interesará detectar el mayor número de oportunidades posible, cualificarlas y gestionarlas adecuadamente en función de su situación y potencial, por lo que tienes por delante mucho trabajo que hacer antes de obtener esos resultados que buscas. Al conjunto de fases que definen ese proceso se le denomina «Embudo de ventas» o «conversión», y aunque el Embudo de Ventas es un tema que trataré en un capítulo aparte, lo menciono aquí por la importancia de mantener bien organizado tu trabajo desde el primer día y de seguir un proceso establecido para que ganes seguridad en tu labor de ventas y seas más productivo.

La clave de la venta no eres tú, sino tu propuesta de valor.

Como decía, el detectar muchas oportunidades requiere el hacer una extensa labor de campo y es fundamental el mantener una cierta pulcritud en tu trabajo para no perder la información que vayas obteniendo. Cada visita que realices a un mismo cliente va a estar directamente relacionada con la anterior, por eso será esencial que tomes notas de los puntos relevantes de tus entrevistas con él. En todo caso, mi consejo es que no trates de apuntarlo todo y de estar escribiendo permanentemente cuando estás frente al cliente; no se trata de un interrogatorio, simplemente toma nota de tres o cuatro palabras clave cada vez que se comente un aspecto relevante sobre un punto concreto; además, con ello le das a entender que estás atento y que le das importancia a lo que dice. Estos apuntes te ayudarán posteriormente a desarrollar un informe más detallado de lo tratado, algo que será de gran utilidad en la preparación de los argumentos comerciales y las acciones a realizar en tu siguiente visita para ir avanzando en la oportunidad hasta convertirla en transacción.

Recuerda otra cosa importante…; no quites valor a tu trabajo, aunque el resultado no haya alcanzado las expectativas. Si has visitado a 100 clientes y el volumen de ventas conseguido ha resultado escaso, piensa que toda la información y experiencia que has obtenido de esa labor de campo será también muy valiosa para poder analizar mejor tu mercado potencial y optimizar su segmentación, conocer el posicionamiento de tu competencia y las prioridades de tus clientes, reorganizar estrategias y planes de ventas e incluso como investigación de mercado. Todo ello será clave para mejorar tu propuesta de valor y para volver a intentarlo con mejores opciones de éxito. Seguramente puede parecer algo complicado para cualquier persona que está iniciándose en este ámbito profesional, pero puedes estar seguro de que no es tan difícil como parece si te mentalizas bien. Piensa que para cerrar positivamente una venta es muy posible que tengas que fracasar antes en otros muchos intentos.

Ten presente que existen numerosos factores que determinan el éxito o fracaso en las ventas y no tienen por qué estar relacionados con tus capacidades profesionales, sino con los bloqueos que generan tus miedos y tu ansiedad. No te obsesiones con la posible negativa del cliente o con lo que piense de ti; tampoco intentes convencerlo con palabrería precocinada que no se va a creer. Limítate a contribuir con información veraz a que sea él quien descubra un beneficio.

Desde mi punto de vista la mayoría de los nuevos vendedores que tienen miedo a desempeñar su labor es porque temen ser rechazados y que se ponga en duda su capacidad profesional; al fin y al cabo, todo acaba reduciéndose a esto de alguna forma. Si te identificas con ello, debes saber que lo único que se puede hacer es tratar de cambiar esa mentalidad, ya que el problema está en tu subconsciente. Tu miedo a la reacción del cliente cuando estás frente a él se puede superar; ya que su reacción no será el resultado de la valoración que él tiene sobre ti, sino sobre el valor de tu propuesta.

La propuesta y su valor son la clave, no tú. El cliente no te comprará por cómo hablas, o por lo bien que te explicas, ni dejará de hacerlo porque te note nervioso o poco seguro; tu cliente te comprará en función del valor que él crea percibir de tu propuesta. Céntrate en esa cuestión… ¿qué valor es el que ofreces?; olvídate de lo demás y no tengas miedo a su rechazo, porque tendrán que venir muchos más, y cuantos más tengas que afrontar, mayor experiencia obtendrás para convertirlos en éxitos más adelante.

Miguel Ángel Beltrán

Mejora tu comunicación de ventas.

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Ser capaz de persuadir a los demás no es lo único que caracteriza a un buen vendedor, ni siquiera lo es su capacidad de hablar con mayor solvencia sobre un producto concreto. Mucho menos su insistencia y ya no digo su agresividad para conseguir convencer al cliente. Hay que entender que el proceso de venta se sostiene cuando existe una aportación de valor añadido; y esto, a menudo, va más allá del producto que ofrecemos. Un buen vendedor no puede serlo sin tener en cuenta esa idea central en el modo en el que desarrolla su labor frente a un cliente potencial.

Ese valor añadido puede venir en múltiples formas; ya sea aportando asesoramiento especializado, cuidando la gestión de venta y post venta, ofreciendo soporte aplicativo o simplemente estando accesible ante cualquier incidencia o necesidad que se produzca. Ten muy presente un dicho muy generalizado en esta profesión, pero que define muy bien lo que significa ser un «buen vendedor»: no se trata de ganar una venta, sino de ganar a un cliente… Y esto solo se consigue construyendo una relación de valor y confianza con él, ya que esa será la base de su fidelidad en el futuro.

Para ir avanzando en ese camino va a ser muy importante el modo en el que conectamos con el cliente, la forma en la que nos relacionamos con él, le transmitimos la información y sobre todo, la capacidad que tengamos de saber detectar y entender sus necesidades y expectativas. Tengamos en cuenta que, para cualquier cliente, la línea que separa la imagen de un profesional de la venta al cual merece la pena escuchar, de un charlatán poco fiable que solo busca colocarle un pedido, la determina en la mayoría de los casos el modo en el que nos comunicamos con él. Por eso la comunicación es una de las habilidades más importantes que debe desarrollar un profesional de la venta.

La clave es encontrar la vinculación entre las necesidades del cliente y tu propuesta de valor.

Una buena comunicación debe estar encaminada a establecer una vinculación entre las necesidades del cliente y nuestra propuesta. Pero eso no se puede establecer simplemente hablando de tu producto; antes hay que obtener información que permita determinar cuales son las necesidades a cubrir o el problema a resolver. De ahí lo de saber escuchar y plantear las preguntas correctas, antes de ofrecer soluciones o propuestas precipitadas que puedan resultar mal entendidas o inadecuadas.

La impaciencia puede generar también una cierta ansiedad argumental en el vendedor poco profesional y dar la impresión de agresividad. La ansiedad es mala compañera frente al cliente, porque suele empujarnos a dejar de lado la escucha activa y el interés sobre sus prioridades y necesidades para centrarnos únicamente en hablar de nuestro producto, priorizando por encima de cualquier otra cosa la idea de convencerlo cuanto antes de que acepte la propuesta. Este es un error típico, ya que el buen vendedor no es aquel que consigue convencer al cliente de que le compre a fuerza de insistir y presionar con argumentos comerciales, sino el que es capaz de conseguirlo generando una experiencia de compra satisfactoria para el cliente, porque de lo que se trata no es de que su compra se quede ahí, sino de que vuelva a comprar en el futuro. Una vez más, la clave para conseguirlo está en el valor que el cliente recibe, no solo el asociado al producto en sí, sino también a esa experiencia de compra que comentaba.

¿Pero cómo saber qué significa «valor añadido» para el cliente si no te comunicas correctamente con él para entender cuales son sus necesidades reales?. ¿Cómo obtener esa información que necesitas para ofrecerle una solución correcta si no estableces antes una comunicación abierta y de confianza con él?. El conentar con la visión del cliente es justo el primer objetivo en el camino del éxito en la venta, y el primer paso para alcanzarlo es siendo asertivo en la manera en que te comunicas, respetando los tiempos y la postura del cliente en todo momento, esperando el momento oportuno para transmitir tus argumentos de forma adecuada a sus expectativas.

La asertividad es una actitud que cualquier vendedor debe cultivar en el desarrollo de sus habilidades comunicativas. Mostrarse respetuoso con la forma de pensar de los demás es clave en cualquier diálogo. Por supuesto, también lo es en el que se establece entre el cliente y el vendedor. Cualquier persona merece ser tratada con respeto en la manera que le comunicamos nuestra visión sobre una cuestión concreta, incluso cuando sabemos que sus decisiones son erroneas desde nuestra perspectiva.

Precisamente el ser asertivo es una de las actitudes en la venta más importantes a desarrollar, pero requiere de mentalización y paciencia. Si no lo aplicamos en nuestra labor frente al cliente, podemos llegar a transmitir una imagen negativa de nosotros mismos y de lo que decimos, simplemente por cómo gesticulamos, por el tono que ponemos en lo que decimos o por cómo reaccionamos ante una respuesta de nuestro cliente que no es la que queremos escuchar.

Aprende a controlar tus impulsos y ansiedades, respeta las objeciones y transmite seguridad.

Ciertamente, las objeciones continuadas del cliente pueden llegar a generar frustración, afectar al tono de nuestras palabras y llevarnos a una insistencia en las argumentaciones comerciales que puede ser percibida incluso como impertinente por parte del cliente o como una falta de respeto a su opinión personal; esta es una de las razones por la que es tan importante el diálogo abierto, el preguntar y el dejar hablar al cliente para que exprese sus razones. El dejarnos llevar por las prisas y no respetar esto, puede ser fatal en la construcción de confianza, por lo que hay veces que es preferible retirarse respetuosamente y esperar una mejor ocasión para volver a intentarlo.

Ser asertivo supone el desarrollar la capacidad de controlar los impulsos y ansiedades que puedan aparecer durante la la labor comercial frente al cliente; no obstante, esa actitud no significa perder firmeza argumental en una negociación, sino ser capaz de transmitir con mayor claridad y seguridad los argumentos ante las objeciones del cliente, siempre con el objetivo de ayudarle a identificar la mejor solución a sus necesidades, resolviendo el problema y generando con ello un beneficio concreto para él. Ser asertivo en el modo en el que te comunicas te ayudará a conectar y a mejorar tu relación comercial con el cliente, además de transmitirle una imagen de seguridad y credibilidad profesional que, si no te ayuda a cerrar la venta en ese instante, puede que lo haga más adelante.

Pongamos un ejemplo…

Imaginemos que somos una empresa que recibe a un representante comercial de una marca de software líder en el mercado, la cual ha desarrollado una solución buena, pero muy cara. Este vendedor inicia su labor haciendo una presentación extensa sobre las características y funcionalidades del sistema que ofrece, sin embargo no ha mantenido una conversación previa suficientemente extensa y detallada para entender cuales son exactamente nuestras necesidades y prioridades. El liderazgo de su marca y el exceso de seguridad le hacen dar por sentado que su producto ofrece capacidades sobradas para cualquier cliente, y las prisas en cerrar una venta que considera casi segura le han llevado a centrar su argumentación en el producto, en sus prestaciones y es sus supuestas bondades. Por si fuese poco, su objetivo comercial, excesivamente ambicioso y poco realista, le hace proponer la configuración más completa y más cara del mismo sin haber tenido en cuenta qué funciones de las que se incluyen son realmente de utilidad para nosotros.

Si no nos ha preguntado y si no ha mostrado interés en escucharnos antes de empezar para obtener la información necesaria, ¿cómo va a saber qué es lo que nos puede interesar de su propuesta y con ello, cómo determinará cuales pueden ser las claves que nos hagan aceptarla?. Es más…, ¿qué idea podemos hacernos de ese vendedor y de la solución que nos ofrece?. Lo más probable es que percibamos en él muy poco interés real en ayudarnos, solo en convencernos de que hagamos la compra. Esto no generará confianza y sin ella es muy difícil que un cliente potencial muestre interés por continuar la conversación, mucho menos por acceder a comprar.

La cortesía y la empatía deben estar muy presentes en tu actitud como vendedor.

Esto no se queda ahí…, algunos malos vendedores, ante la falta de reacción positiva por parte del cliente, no solo no rectifican su manera de actuar en el proceso de venta, sino que llegan a mostrar su frustración con una cierta agresividad, incluso poniendo en duda la capacidad del cliente en identificar la solución que le conviene; algo que se puede llegar a entender como una falta de respeto; si llegamos a este punto, se acabó la conversación. La cortesía y la empatía deben estar siempre muy presentes en la actitud del vendedor.

En el arte de vender, los que tienen éxito no son los que hablan más y se muestran más simpáticos o lucen mejor sonrisa; o los que tiene una lista interminable de contactos e insisten en llamar o visitar constantemente al cliente; o los que, ante una negativa, persisten en retener la conversación y marearlo de forma cansina. Hay que evitar convertirse en una sujeto molesto, porque acabarán por no contestar a tus llamadas o a tus emails. Los vendedores de éxito son los que consiguen conectar con el cliente por medio de una comunicación sincera, los que preguntan y se interesan por sus necesidades y los que no tratan de convencerlo, sino de asesorarles para que sean ellos mismos los que encuentren las ventajas que les aporta la propuesta.

No debemos olvidar nunca que las ventas siempre se basan en saber descubrir las necesidades del cliente, las cuales no siempre están claras; hay veces que ni el propio cliente las sabe con exactitud. El buen vendedor debe tener la habilidad de detectarlas a través de una comunicación efectiva y, a partir de ahí,  saber transmitirle las soluciones de manera clara, concisa y honesta.

Recuerda…, para esa comunicación efectiva, no olvides seguir las pautas que definen al vendedor asertivo; como la escucha activa, la empatía, el respeto ante las objeciones y la sinceridad. Eso no solo proyectará una imagen profesional de ti, sino que generará confianza. Esa comunicación tiene que ser, ante todo, concisa y fácil de entender. Hay vendedores que complican la argumentación introduciendo tecnicismos que no aportarán demasiado al interés del cliente. Hay que evitar convertir tu exposición en un tocho de palabrería excesivamente técnica y compleja, ya que en caso contrario contribuiremos a confundir al cliente haciendo que no pueda seguir el hilo conductor de lo que estamos explicando y pondremos en riesgo su nivel atención y comprensión. No nos vayamos por las ramas explicando las cosas, hay que intentar ser breve, aportando información de interés para el cliente y siguiendo un cierto orden para que se entienda el valor que aporta la propuesta.

Y por supuesto, hay que ser objetivos. Otra tendencia del mal vendedor es la de atribuir al producto que ofrece unas cualidades por encima de las reales o dar infomación confusa o incompleta sobre él. Esto es engañar al cliente y una venta con engaño tiene muy poco recorrido. Recordemos que se trata de conseguir a un cliente que nos siga comprando, no que nos compre una sola vez y se olvide de nosotros, y para ello necesitamos de su confianza. Procura repasar las argumentaciones de venta que utilizarás frente a tu cliente y contrastarlas debidamente para asegurar su veracidad.

Contrasta tus argumentos, cuida la comunicación no verbal y jamás olvides el entusiasmo.

Otro factor importante a tener en cuenta es la comunicación no verbal, ten presente que no hace falta abrir la boca para empezar a comunicar algo; la forma de vestirnos, una mirada o un simple gesto corporal pueden comunicar mucho más sobre nosotros de lo que parece. Hay quien no da importancia a este apartado, pero sí la tiene y mucha, ya que la primera impresión que transmitimos a un cliente objetivo lo hacemos con nuestra imagen personal; tanto la que da a entender nuestro aspecto, como la que se percibe de nuestra manera de mirar, gesticular o incluso de dar la mano. Todo ello tiene una influencia en el subconsciente del cliente y en la idea que éste se hace inicialmente sobre el carácter, la educación o el profesionalismo del vendedor. Esa primera impresión, aunque por sí misma no sea determinante, siempre será otra factor de relevancia en el éxito de la venta. Así que, cuida tu aspecto e higiene al máximo, utiliza un lenguaje cuidado, amable y respetuoso, evitando gestos corporales bruscos. Cuando hables a tu cliente, mírale a los ojos sin miedo, no desvíes la mirada, ya que es señal de falta de sinceridad; aunque no la mantegas excesivamente fija, ya que podrías dar la impresión de agresividad y eso tampoco conviene. Procura mantener un tono cortés, no eleves demasiado la voz, deja hablar al cliente y jamás lo interrumpas.

Y no dejes de hablar con una cierta energía y entusiasmo, ya que el tono de voz es importante para transmitir seguridad, convencimiento, credibilidad y confianza. Ten en cuenta que a la mayoría de las personas nos gusta percibir ese entusiasmo en los demás, ya que es una energía positiva y contagiosa que genera motivación. El hablar con un tono apagado y lento no es bueno en la forma de comunicarse con el cliente, se necesita de esa energía para activar el deseo de compra en el cliente. A veces no es suficiente con hacer una labor impecable de exposición comercial; hay que mantener un cierto ritmo en la conversación para acabar cerrando la venta de forma positiva.

Estos consejos sobre las habilidades comunicativas forman parte ineludible en la descripción del buen vendedor. El vendedor no nace con ellas, sino que las desarrolla con constancia y perseverancia a lo largo de tu vida profesional. Así que, esfuerzate en mejorar tus capacidades comunicativas y construye con ellas una imagen personal y profesional destacable; tendrás asegurada una parte importante de tu éxito como vendedor.

Miguel Ángel Beltrán

Claves para alcanzar el éxito profesional.

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Hay quienes dedican mucho tiempo a intentar averiguar qué es lo que hace que las personas tengan éxito en su trayectoria profesional y entender el motivo por el que ellos no lo han conseguido. Están hartos de intentarlo, pero parece que se alejan cada vez más de ese objetivo. Si es ese tu caso, tal vez te interese lo que te voy a decir.

Se tiende a pensar que las personas de éxito lo son porque en la mayoría de los casos se han visto favorecidos por su entorno personal y económico, por una mejor educación recibida, por contar con un mayor nivel de inteligencia, porque se pasan el día trabajando sin descanso o incluso por tener suerte… No se puede negar que todo esto puede ayudar, pero en realidad ninguno de estos factores es en realidad una garantía para el éxito en lo que hacemos o deseamos conseguir, aunque parezca difícil de creer.

De hecho, el mundo está lleno de fracasados que se rompieron el lomo trabajando toda la vida, que acumularon un gran nivel de formación, que contaron con sobrados medios económicos o que aparentemente tuvieron todo a su alcance para poder conseguir lo que quisieran, pero que finalmente no llegaron ni de lejos a sus expectativas o metas. Entonces, ¿qué es lo que hace que las personas tengan éxito?.

Si le damos un par de vueltas al asunto podremos ver como hay una característica que sí está siempre presente en las personas de éxito y que con toda probabilidad es un factor clave en ello; esa característica es el entusiasmo. Probablemente no hay nada que sea más potente en la superación de las barreras para avanzar y crecer que sentir pasión por lo que haces, por querer aprender cosas útiles y por estar deseando tener la oportunidad de ponerlas en práctica. Estas personas ponen interés y energía en todo, se mantienen motivadas y disfrutan al hacerlo. Es como una forma de entender la vida; algo que se va cultivando con el tiempo y que suele dar resultados casi siempre, por no decir que es infalible.

Las personas que demuestran tener entusiasmo suelen preocuparse por el bienestar de la organización y de quienes forman parte de ella. Se comportan como si fuese su propia empresa y es que realmente la sienten así. Se muestran apasionados y deseosos de generar valor y de aportar un poco más cada día. Son personas que se comprometen y que demuestran constantemente que se puede confiar plenamente en ellas.

Si quieres avanzar y crecer en tu empresa, trata de hacer un buen trabajo todo el tiempo, sin importar si obtienes reconocimiento o no por ello. Intenta transmitir tanta pasión, energía y entusiasmo como te sea posible, verás como poco a poco algo empieza a cambiar. Piensa que el entusiasmo es contagioso y las personas nos sentimos atraídas por quienes lo transmiten, es inevitable.

Por descontado, todos pensamos que ese objetivo se hace mucho más fácil cuando tienes un trabajo divertido y ameno, que se disfruta desde el primer momento porque te aporta retos motivadores cada día o porque encaja con tus preferencias personales. No obstante, eso no suele suceder siempre; hay trabajos que difícilmente pueden ser agradables o divertidos, más bien todo lo contrario. Si estás leyendo esto es probable que te haya tocado a ti uno de ellos. Si es así, debes tener en cuenta que, para llegar al final del camino, primero tienes que recorrerlo y no siempre es agradable; hay tramos que son más duros e incómodos que otros, pero así son las reglas.

Por otra parte, ya sea un trabajo divertido o no el que tengas, el haberlo aceptado en su día fue una decisión personal tuya y solo tuya, nadie te obligaba a ello. Puesto que tomaste esa decisión y pese a que consideras que tu trabajo es una auténtico asco, seguro que entiendes que debes ser consecuente con ello y cumplir con tu compromiso, por lo que sería bueno que intentes encontrar la manera de ver su lado positivo y sobre todo de apreciar el valor de lo que aportas a otros con lo que haces en él, ya que si estás ahí es porque lo que haces es importante y necesario para alguien; no te quepa duda de que si no fuese así, no estarías ocupando ese puesto, ya que simplemente no existiría.

El darle valor a tu trabajo es el primer paso para sentirse satisfecho de tu aportación y para encontrar el camino del crecimiento profesional. Y si la tarea es monótona y no te motiva la rutina diaria de ese puesto, intenta una forma diferente de hacer las tareas que comporta y trata de ver cómo esa labor aporta un beneficio a los demás y les ayuda a que puedan realizar bien el suyo. Recuerda…, tu trabajo es importante y tu aportación también lo es, por eso hay que tratar de pensar cómo mejorarla pensando en formas nuevas y creativas de llevarlo a cabo, porque todo lo que consigas mejorar hará que mejores tú ante los demás y ante ti mismo.

Ya sé que eso no es fácil y que mantener el ánimo en algo que no te gusta ni te motiva es realmente duro, pero hay que pasar por ese trance. Todos queremos alcanzar nuestras metas lo antes posible, pero en esto hay que ir superando fases; si te muestras perseverante y confías en ti mismo al final todo llega. Piensa que, para avanzar en tu mejora personal y profesional, no solo hay que tener aspiraciones, también hay que actuar en lo que haces cada día, ya que es ahí donde tienes tu oportunidad; así que tira de innovación, asume riesgos con sentido común, aprovecha los éxitos que consigas y utiliza los fracasos para corregir y mejorar. Y sobre todo ríete de ti mismo y se humilde; no dejes que el éxito o el fracaso te condicionen, simplemente disfruta de lo que haces y aprende de todas estas experiencias.

Hay otras cosas que debemos hacer, como el transmitir una imagen positiva de nosotros mismos. Las personas con las que te relacionas deben confiar en ti, por lo que debes demostrarles que tienes iniciativa y que ofreces una imagen de seguridad y decisión ante los problemas, además de ser un compañero solidario, que ayuda a los demás compartiendo las experiencias y los conocimientos que has ido acumulando.

Esto es muy importante, ya que las personas generalmente se sienten atraídas como por un imán por quienes emiten energía positiva, mientras que tienden a alejarse de las que la absorben como una esponja. Tal vez esto ocurra por una reacción intuitiva que tenemos todos, pero lo que está claro es que el cultivar esa imagen y desarrollar una personalidad y un estilo que transmita con naturalidad esa energía llamará la atención a los demás incluso en lo más rutinario. Por lo tanto, si quieres mejorar en lo profesional, debes empezar por mejorar tu actitud personal, y con ello tu forma de comunicarte y de interactuar.

Y deja ya de compararte con los demás, hazlo contigo mismo y sé consciente de cómo vas avanzando. No esperes reconocimiento de otros, eso es como una droga para el ego de la cual mucha gente está enganchada. Hay personas que viven de eso; necesitan que los demás valoren de forma positiva y constante lo que hacen. Y si esa valoración no llega, se apagan, se hunden y se frustran; el caer en eso es lo que te hace fracasar. Una autoestima fuerte está bien si la construyes desde tu interior, no en la medida que los demás valoran lo que haces. Todo eso es una mentira de la que te tienes que proteger y alejar. Si los demás aplauden tu trabajo bien hecho, pues perfecto…, a nadie le amarga un dulce; pero la única valoración que vale la pena es la que haces tú de ti mismo, lo demás es irrelevante.

Recuerda que todo consiste en tener entusiasmo y mantener una actitud positiva. Solo puedes cambiar tu situación si cambias antes tu actitud mental. Si observas la actitud de las personas que logran éxitos en la vida, en la mayoría de los casos podrás comprobar que tienen un enfoque positivo de las cosas que viven en ella. Para crecer es esencial esa actitud, no solo por cómo te afecta a ti, sino por cómo influyes con ella en los demás y en cómo eso hace que interactúen después contigo.

Y no confundas la actitud con la aptitud. La energía que permite a alguien triunfar no está en la aptitud; no se consigue el éxito simplemente por ser un superdotado, tener tres carreras y hablar cinco idiomas; se alcanza el éxito gracias fundamentalmente a la actitud que tengas ante las circunstancias, ya que eso será lo que determina tu forma de actuar y es tu forma de actuar la que determinará tus posibilidades de superarlas.

Hay una cosa sencilla de entender sobre tu propia actitud y es que solo la decides tú. Hay quienes se hunden en los momentos y circunstancias difíciles, caen en la autocompasión y tratan de buscar alguna razón con la que justificar su fracaso. Después están los que, en lugar de hacer eso, deciden enfrentarse y actuar. No hay nada más tóxico para el ánimo personal que el rodearte de personas derrotadas y victimistas. Aléjate o levanta un muro que te proteja de ellas o te verás arrastrado a esa dinámica de destrucción.

La voz de tu conciencia debe resonar una y otra vez en tu cabeza diciéndote que no hay opción de compadecerse, de echar mano a victimismos y de sentirte incapaz de levantar el trasero del suelo. La compasión puede que sea una emoción noble en los seres humanos, pero la autocompasión es una enfermedad, un pensamiento envenenado que debilita las emociones, que te inutiliza y te bloquea. Si crees que estás en esa situación y no te ves capaz de cambiarla, por todo tu empeño en seguir intentando escapar de esa espiral. De ahí se puede salir, solo tienes que decidir cambiar de rumbo sin demora.

Y no te sientas culpable, que aquí no hay nadie perfecto. Si has cometido errores que te han llevado a esa zona oscura, piensa que a todos nos ha pasado. Cuando cometemos errores, la reacción instintiva es correr a escondernos, poner excusas o incluso mentir; que tire la primera piedra el que no lo haya hecho nunca.

No somos robots insensibles, somos seres humanos condicionados por las emociones y los miedos. Hay que acostumbrarse a afrontar los errores de cara y aprender de ellos. Uno se equivoca porque convive con las circunstancias del día a día y porque se aprende sobre la marcha, ya sea a ser padres, a ser compañeros o a ser simplemente personas. Y en ese aprendizaje los errores y fracasos son esenciales, ya que son la base de la experiencia para alcanzar el éxito futuro, no lo olvides nunca. Por esto no hay que culpar a nada ni a nadie de nuestros propios errores, sino que es mejor disculparse, reflexionar sobre el error cometido y preguntarte qué parte de todo lo que ha pasado puede servir para mejorar como persona y seguir avanzando.

Confía en que haciendo bien todo esto, tu recompensa llegará en forma de satisfacción personal por saber que estás dando lo mejor de ti mismo y también en forma de reconocimiento por parte de quienes te rodean en el día a día. Demostrar pasión y entusiasmo es un modo de inspirar y de contribuir a motivar y mejorar. Esto es algo muy poderoso en el objetivo de tener éxito en la vida, ya que son la base que da forma a tu capacidad de influencia y de liderazgo, aspectos que tanto las personas con las que nos relacionamos como las organizaciones saben apreciar.

En definitiva, si quieres tener éxito en tu vida profesional, hecha mano de tu entusiasmo, ponle interés y energía a todo, y disfruta del viaje. Si mantienes esto durante un tiempo, acabarás viendo los resultados y ya nada te detendrá hasta que alcances el objetivo.

Miguel Ángel Beltrán