¿Qué es la realidad y quien la define?

Realidad: una mirada que transforma
Desde que el ser humano alzó los ojos al cielo y se preguntó qué hay más allá, algo cambió. Aquella mirada marcó el inicio de una búsqueda que aún hoy continúa: tratar de comprender qué es esto que sentimos, vivimos, habitamos. Lo llamamos “realidad”. Pero ¿qué significa realmente esa palabra que usamos a diario? ¿Es simplemente lo que podemos ver y tocar? ¿O es una construcción más compleja, tejida por percepciones, sentidos que filtran, ideas que dan forma a lo invisible?
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Nos movemos en un mundo donde la biología limita lo que procesamos, la cultura nos enseña a nombrarlo y la tecnología redibuja sus bordes cada día. En medio de estas fuerzas, surge la pregunta inevitable: ¿qué parte de lo que llamamos real nos pertenece? ¿Quién tiene el poder de definirla? Y más aún: ¿la construimos desde dentro o nos entregan una versión prefabricada, diseñada por algoritmos invisibles que filtran lo que vemos, lo que creemos, incluso lo que sentimos?
Quizá convenga mirar hacia dentro, porque lo que entendemos como realidad no está solo en lo que sucede, sino en cómo lo interpretamos. Para un niño, puede ser el juego del momento. Para un científico, lo medible. Para un filósofo, aquello que se escapa cuando creemos haberlo capturado. Cada mirada compone un mundo distinto, una verdad propia. Pero hoy, ese marco parece venir precargado. Abrimos una app y vemos lo que otros decidieron mostrarnos. ¿Estamos reaccionando a una realidad construida por otros?
Entre la percepción y la experiencia
Las redes sociales han alterado la manera en que nos relacionamos con el mundo. Lo que antes llegaba por experiencia directa ahora se presenta filtrado, envuelto en estímulos diseñados y verdades compartidas. Cada usuario vive en un universo personalizado, donde la información no solo se ofrece, sino que se modela. Y entonces surge la inquietud: si todos navegamos mapas distintos, ¿existe aún una realidad común?
La ciencia nos da pistas claras: no percibimos el mundo tal cual es. Nuestro cerebro simplifica, traduce, interpreta. Vemos colores que son longitudes de onda, sentimos el tiempo aunque no tenga forma. Cada experiencia es una construcción subjetiva, cambiante. Sin embargo, hay algo que permanece: el deseo humano de entender. Lo que sentimos. Lo que perdemos. Lo que celebramos. Y en esa búsqueda, quizás descubramos que la realidad no es un marco fijo, sino un proceso. Un paisaje que se revela capa a capa.
La próxima vez que te preguntes qué es real, no corras a buscar definiciones. Detente. Escucha. Mira con ojos nuevos. Porque tal vez lo más real no sea lo que creemos comprender, sino aquello que aún nos cuesta nombrar.
La incómoda belleza de no saber
Definir la realidad es como intentar atrapar el viento con las manos: creemos tenerla, pero se nos escapa en cuanto intentamos fijarla. Cada percepción es un fragmento. Cada idea, una interpretación. En un mundo saturado de estímulos e incertidumbres, tal vez lo más auténtico no sea lo que damos por cierto, sino aquello que nos obliga a mirar dos veces.
La realidad quizá no sea una respuesta… sino una pregunta que seguimos reformulando. Y es en esa búsqueda —personal, colectiva, silenciosa o ruidosa— donde vamos dando forma a lo que somos.
Gracias por detenerte a pensar. Nos vemos en el próximo episodio.
Miguel Á Beltrrán
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